
La eternidad de un instante …
Un día puede pasar en minutos y un momento efímero puede vivir una eternidad, porque el tiempo no siempre se mide con relojes, sino con intensidad.
Mientras un reloj marca las horas sin memoria y con la frialdad del metal, un corazón las marca con emociones, extendiéndolas hasta volverlas una con el océano.
Quizás lo importante no sea cuánto dura algo, sino cuánto nos transforma.
Tal parece que no vivimos dentro del tiempo, sino que el tiempo vive dentro de lo que sentimos.
Porque al final, no recordaremos la longitud de nuestros días, sino la profundidad de nuestros instantes.
La eternidad no es cuestión de duración, sino de significado.