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Cuanto más importante es la chispa,
más intensa es la batalla …

Puedes ver la simpleza de lo literal, o puedes mirar más allá.

El gran desafío está en la dualidad. Sabemos que allí donde existe mayor oscuridad, también reposa el mayor potencial para revelar la luz.
La oscuridad también es información. Sin embargo, está más allá de nuestra percepción habitual y solo podemos descifrarla cuando nos enfrentamos a ella.
El profundo mensaje de la oscuridad no puede entregarse a través de la luz. Es reveladora por excelencia de aquellas situaciones que permanecían ocultas y que, de otra manera, jamás habríamos podido conocer.

Por eso, el poder de la oscuridad es más que la simple ausencia de luz. Tiene un valor propio y existe por una razón, por un propósito. Cuando integramos pensamiento, emoción y acción, manteniéndolos conectados y desarrollándolos al unísono, descubrimos que el poder de la voluntad va mucho más allá de lo racional.
Así, nuestros contratiempos pueden convertirse en fuerza pura para seguir adelante, transformarnos y crecer.

Esta es la chispa que no se puede apagar. La que conoce el arte de la espera paciente y sabe aguardar hasta que llegue el momento indicado para reaparecer.
Porque sabe de dónde viene. Y sabe hacia dónde va.

Perderse también forma parte del proceso. Quien, consciente o inconscientemente, nunca se pierde, nunca llega realmente a encontrarse.
Porque es ante la adversidad cuando descubrimos de qué estamos hechos.
Y es precisamente en ese instante, en ese momento indicado, cuando nuestra alma reconoce su propio ADN.

Entonces, esa identidad que permanecía oculta toma el control consciente de la situación.
Trabaja desde dentro. Y nos hace redescubrir aquello que siempre ha estado ahí.

by Mayda Janet Padrón Martínez