
Aprendamos de los niños,
porque la gratitud lo unifica todo …
Muchas veces la vida nos sorprende y nos emociona, sin embargo para que estos momentos no se pierdan en el olvido es importante capturarlos y traducirlos en asombro.
El asombro nos libera de los límites físicos, porque sin pensarlo nos sitúa en un mundo de dimensiones distintas. Aquí está la verdadera belleza, la del espacio atemporal, donde todos los acontecimientos y movimientos están presentes.
Donde nuestra perspectiva se expande, porque es energía canalizada en el momento justo y en la dimensión correcta.
Cuando nos asombramos de nosotros mismos, nos damos la oportunidad de descubrir – y redescubrir – nuestro verdadero potencial, el que está latente y espera ser materializado. Aprendamos de los niños que son sabios del asombro.
Porque las cosas asombrosas son reflejos de lo eterno y trascendente, como el sonido del mar y los sonidos del bosque, es estar en contacto con el contenido del infinito en cada instante de nuestras vidas.
Así, entendiendo el poder de cada momento vemos que la vida es un asombro constante y al disfrutar conscientemente de lo que tenemos descubrimos la auténtica felicidad.
Nuestro asombro fluye naturalmente al agradecer con el alma todo lo que se nos ha brindado, y de pronto, la Vida nos vuelve a sorprender brindándonos aún más.
Porque la gratitud lo unifica todo.